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Mi trabajo con niños se fundamenta en la misma base relacional que mi trabajo con adultos: la convicción profunda de que, cuando una persona se siente verdaderamente acogida y respetada tal como es, puede emerger de forma natural su capacidad de crecimiento y autorregulación.
Cuando acompaño a un niño o a una niña, ofrezco un espacio relacional seguro, respetuoso y libre de juicios. Un espacio en el que no necesita rendir, tener éxito ni responder a expectativas; un espacio donde puede simplemente ser quien es. A través de una presencia atenta y empática, acompaño al niño para que se sienta visto, escuchado y reconocido en su experiencia interna.
Un proceso que respeta el ritmo del niño
Cada niño avanza a su propio ritmo. Mi papel no es dirigir ni corregir, sino acompañar. Con el tiempo, el niño es apoyado para desarrollar una mayor conciencia de sí mismo, reconocer sus fortalezas y reconectar con sus propios recursos internos.
A medida que la relación se profundiza, el niño explora progresivamente nuevas formas de responder a lo que está viviendo, favoreciendo una sensación de seguridad interior, autonomía y bienestar duradero.
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En el centro del acompañamiento:
la relación
Al igual que en el trabajo con adultos, mi acompañamiento con niños se centra en la relación: la relación que el niño establece consigo mismo y la que construye con los demás.
Este proceso favorece el amor propio, la confianza en uno mismo y en los demás, la expresión responsable de las propias necesidades y el respeto por lo que se es. No busco moldear ni transformar al niño en alguien diferente; lo acompaño a convertirse, cada vez más, en quien ya es.
El lugar esencial de los padres
En el caso de niños menores de 12 años, el acompañamiento incluye una o varias sesiones de orientación parental. Estos encuentros forman parte integral del proceso. Permiten a los padres comprender mejor lo que el niño está viviendo, sostener los cambios que se están produciendo y, cuando es necesario, ajustar determinadas dinámicas relacionales o familiares.
Dado que un niño no crece de forma aislada, mi trabajo se desarrolla siempre desde una mirada global y relacional que incluye al sistema familiar.


Acompañar hoy, construir mañana
Los niños son nuestro legado. Son los adultos del mañana. Ofrecerles un acompañamiento humano y relacional significa sembrar bases esenciales: el amor propio, la confianza en uno mismo y la seguridad relacional.
A partir de estos cimientos, pueden construirse progresivamente, encontrar su lugar y contribuir —cada uno a su manera— a la creación de un mundo más consciente y más humano.
Ejemplos de motivos de consulta (infancia)
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Fortalecer la autoestima
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Desarrollar la confianza en uno mismo
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Recibir acompañamiento en momentos de desánimo o fracaso
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Reducir la presión ligada al rendimiento o a las expectativas (propias o ajenas)
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Dar menos importancia a la opinión de los demás
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Aprender a regular la ira y las reacciones defensivas frecuentes
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Recibir apoyo ante una pérdida o un duelo
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Ser acompañado en dificultades afectivas o relacionales
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Aliviar dificultades en las relaciones de amistad
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Reducir conflictos con padres, hermanos u otras figuras significativas
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Salir de dinámicas de rivalidad o celos
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Aprender a relacionarse de otra manera con las normas y la autoridad
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Explorar el sentido de una pérdida de interés o de implicación
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Recuperar la motivación escolar
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Desarrollar el autoconocimiento
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Aprender a adaptarse o a transitar cambios
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Recibir apoyo ante una situación vital difícil
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Encontrar su lugar o aprender a afirmarse
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Aprender a respetar a los demás y a hacerse respetar
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Tomar decisiones
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Aceptarse tal como es
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Identificar lo que le gusta
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Expresar situaciones de estrés (contexto familiar, cambio climático, presión
social, etc.) -
Cualquier otro motivo